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¿Qué es eso que estamos observando?

No es la primera vez que pasa; al contrario, ya parece ritual. Desde que comencé como especialista educativo en PS Family hace 5 años, la temporada de ASQ siempre mueve muchas fibras. Tal vez porque me recuerda las veces que de niño me aplicaron herramientas parecidas. Tal vez por el proceso que implica terminar en terapias, y me recuerda mis terapias del habla. Ya se imaginarán: un poco de retraso en el habla, que no me permitía pronunciar ni la letra <<r>> ni la <<l>>, sumado a mi acento boricua, suena pesado. Después de las terapias del habla y muchos años de profesión como maestro y profesor, me han ayudado mucho. Y espero que, meridianamente, ahora se me entienda mejor. Pero este no es el tema.

El tema es que también recuerdo que llegué a esas terapias porque me frustraba y me aislaba del resto de mis compañeritos en el kínder. No me podía comunicar bien, y eso me afectaba en mi desarrollo social y emocional. No recuerdo que usaran palabras conmigo como si yo estuviera en “el espectro” o fuera “autista”; solo recuerdo que usaban palabras como “diferente”, “particular” y “raro”. A mediados de la década de los noventa en Puerto Rico, la educación infantil sonaba así. Luego de la terapia, solo recuerdo que nunca volví a estar solo en los recreos, que creé unas amistades increíbles y que algunas perduran hasta el día de hoy.

Pero basta de mi historia; aquí a lo que vinimos: el ASQ mueve esas fibras. ¿Por qué? Porque cuando asistimos a programas a recoger los ASQ y hay un caso particular, muchas descripciones que se dan de ciertos niños con esas herramientas no son observaciones. Son comentarios dirigidos, sobre supuestas actitudes, para hacerlas sonar como indicios de que el niño o la niña cae dentro del espectro. Primero, lo obvio: el ASQ no es un diagnóstico; es una herramienta para ver el desarrollo del niño, pero cada niño es un mundo en sí mismo.

Segundo: sí, el ASQ nos puede decir si algo está pasando, pero solo si de verdad estamos observando sin prejuicios y observamos el desarrollo aislado de ese niño o niña, sin compararlo con los otros. ¿Qué es eso que estamos observando? ¿El desarrollo particular de un infante o toddler, o estamos observando prácticas particulares de esos infantes o toddlers para que encajen en la lectura que hacemos de esas prácticas? Vuelvo a mi historia: en estos tiempos, solo por aislarme, y con la experiencia que he tenido este año con los ASQ, sin duda alguien le estaría diciendo a mi especialista educativo: “Yo creo que es autista o está en el espectro”. Solo porque me aislaba, porque mis palabras no podían salir propiamente de mi boca.

Entonces, ¿qué es eso que estamos observando? ¿Nuestros prejuicios como adultos o el detallado proceso del desarrollo de cada infante aislado? Ante observaciones certeras, acompañemos al infante en todo para que tenga las mejores herramientas para su desarrollo. Ante observaciones con prejuicios, desaprendamos mejor lo que nuestra propia mirada dice que observa.